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En tiempos de pandemia – Adriana Cavigliasso y Hugo Puente

Un día, como por arte de magia, todo cambió: el trabajo, la organización familiar, las clases… El adentro fue la alternativa de lo seguro, del resguardo, del cuidado.

Así, se abrieron cajones, se ordenaron estantes, se desempolvaron esquinas. En una de esas tantas tareas, llegó a nuestras manos, un paquetito colmado de semillas. Era un tesoro que puse a resguardo hace un tiempo, luego de un curso de “Fomentando Huertas”.

¿Cómo hacer frente a tantos días de encierro? Había por delante, un tiempo incierto de inercia y desazón. Bastaron pocas palabras para, junto con Hugo, mi marido, encontrar el lugar exacto y preciso para comenzar nuestra huerta.

Primero, preparamos el terreno, picamos la tierra, desarmamos los terrones. Fue placentero sentir al tacto, la frescura de la tierra. Se nos hizo la noche y la luna nos encontró, debatiendo dónde iría cada semilla.

Con la luz del nuevo día, presurosos rompimos las bolsitas y pusimos en cada semilla, la esperanza de la vida. Un poco de tela y lanas, crearon el entorno ideal para que los pájaros traviesos no se llevaran nuestro cultivo.

Cada mañana, como un ritual, vamos a la huerta. Hugo, recorre con sus manos, cada cantero y desmaleza, apisona, reordena. Han pasado treinta y tres días de esta cuarentena odiosa. Unos cuantos menos, bastaron para que despuntaran los primeros brotes, abriendo sus hojas a la vida. Cuánta paradoja en estos tiempos!!!

 

 

Adriana Cavigliasso (58) y Hugo Puente (62).

Docente jubilada

Córdoba, Capital. Argentina

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