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Barbijo nuestro – Florencia González

Esta vez dejamos por un momento los pañuelos. O quizá por tiempo indeterminado. Porque ahora es el turno de ellos: los barbijos. De éstos, lo único que nos divide es su diseño. Hay de todos los colores y dibujos. No dude en que si usted es amante de los gatos, por ejemplo, alguno va a encontrar.

Además, están los personalizados y caseros. No hay grieta en la tierra de los tapabocas y/o barbijos. No son de la misma tela todos. Varían las texturas. Pero, la protección será la misma. – y asegúrese de que así sea — . Se los reconoce colectivamente como parte del vestuario quirúrgico en cualquier hospital o clínica. En nuestro país, por no llevarlos puestos en la mínima cotidianidad de esta cuarentena, nos cobran una multa. Algunas de ellas van desde los cinco mil en adelante. También, dependiendo de donde se infringe la ley.

 

González Florencia

Para los profesionales de la cirugía, este elemento que sumamos a nuestro día a día es obligatorio desde 1926. Nosotros como simples mortales, no tenemos márgen de comparación ante los héroes de la medicina. Y es en este momento que se me viene a la mente una ola de aplausos imaginarios y bien ruidosos, para cada uno de ellos. No hace falta un balcón, o una terraza. Basta con el espíritu de querer aclamar a quienes nos salvan.  Como se hace desde ya algunas semanas, a las nueve de la noche. 

En mi caso, fue mi hermana quien hizo barbijos para todos los miembros de la casa. Con tela blanca, algo gruesa  y friselina negra. Mientras  trato de esquivar a la TV informando sobre el Covid-19 (siendo periodista) busco otras alternativas para informarme, cómo por ejemplo la redes sociales. Aunque ahí, hay que escapar de las falsas noticias a menudo. Las Fake News, están al acecho constantemente. Me permito en este instante escribir, en medio del encierro otoñal que nos abraza en la burbuja de nuestras casas, de nuestros seres queridos y nuestras emociones. 

El espacio para redactar algo puede ser cualquiera, el que no es cualquiera es el tiempo. A esta altura ya nos perdemos. Queremos recreo, queremos parar un poco. Como si estuviéramos en plena jornada laboral y en hora pico. Si me agarra el desvelo soy capaz de seguir escribiendo en el celular. Total, mañana será otro día igual de largo. Igual de eterno. 

 

Florencia González

23 años

Periodista

San Fernando, Buenos Aires, Argentina.

Ilustración: Florencia González.

 

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