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Documentar en tiempos de pandemia – Desireé Toibero

 

La pandemia nos coloca en la encrucijada de preguntarnos sobre los sentidos sobre los que antes no indagábamos, hasta el 14 de marzo el documentar estaba más vinculado a dar fe de los hechos, a dejar constancia sobre lo sucedido; al menos en el sentido común, que es lugar donde actuamos rutinariamente sin preguntarnos sobre el por qué, en la acción de documentar habíamos incorporado cierta correspondencia entre el hecho y el registro.

 En el ámbito de la  ciencia de historia hace tiempo que el paradigma positivista había cuestionado esa vinculación, pasando  de la transparencia de los hechos  a la mediación de los sujetos.

 En particular desde el lente que nos proporciona la hermenéutica la cosa se presenta más compleja:

 En primer lugar; no hay hechos, hay acontecimientos. Es decir que hay una decisión por registrar una experiencia y no otra; así  por ejemplo, salvo que tenga alteraciones del sueño no registraré que duermo por las noches, por lo general optamos por registrar lo que se sale de lo esperado de lo previsible o común.

En este tiempo de excepción que estamos viviendo resulta interesante cuestionarnos acerca de qué es lo que vale la pena registrar.  Es decir, que a la hora de registrar cabe reconocer  un contexto respecto de lo que se registra y de lo que no se registra. Un contexto donde ingresa el sujeto atribuyendo sentido a la acción de registrar.

Por otro lado cabe preguntarnos a cerca del para qué registrar?

El para qué nos coloca en la consideración del sentido y en este punto la impronta de la experiencia nos coloca en la necesidad de nombrar y narrar lo que nos pasa ante los hechos, probablemente esa sea la razón de compartir este escrito con ustedes. En cada uno de nosotros habitan un conjunto de emociones, sentimientos y contradicciones que necesitamos encauzar, la palabra aparece como el único vehículo que nos permite organizar y armar esto que nos pasa y convertirlo en una experiencia, el narrar nos permite seguir siendo nosotros mismos ante los cambios incorporando las transformaciones profundas del mundo externo, nos posibilita reconocernos personal y socialmente ante los desafíos del presente.  Esas narraciones,  no son ni más ni menos que nuestras interpretaciones de lo que nos pasa, ante la irrupción de la enfermedad y dela muerte, con la obligación de recluirnos comenzamos a vivir de otro modo, comenzamos a habitar en un tiempo y un espacio que aunque nos resulten familiares son profundamente diferentes.

Nos pasa a cada uno pero también nos pasa a todos, estamos necesitando aprehender, acotar y explicar lo que nos está pasando para comprendernos, para orientarnos y organizarnos  cotidianamente Necesitamos comprender para proyectarnos en un mañana que por la incertidumbre nos incomoda.

Pero el para qué no queda sólo en nosotros y nuestro tiempo, en cierto sentido resulta esperanzador; porque en la acción de registrar, partimos del supuesto de que otro sujeto: un intérprete, realizará la lectura de ese registro formulando preguntas desde el horizonte de su propio contexto y  abriendo la posibilidad de la comprensión hacia el futuro.  Al menos los historiadores lo vivimos así, no narramos sólo para comprendernos en el presente sino para proyectarnos en el futuro, de tal modo que el conocimiento va resultando de la fusión de ambos horizontes: el del sujeto que registra los acontecimientos vividos  y el del intérprete que también se encontrará atravesado por un contexto personal y social al momento de vincularse con nuestros registros.

No podemos saltar nuestro tiempo, refería Hegel, tampoco como historiadores, podemos abandonar el impulso  a interrogarnos sobre lo que nos pasa, la historia ha dejado de tener como referencia sólo el tiempo pasado, la historia se centra en las preguntas que somos capaces de formular en el presente,  las que a su vez siempre están cargadas de expectativas de futuro.

Entonces, ¿por qué documentar?

El modo en que definamos y las decisiones que tomemos respecto de lo que decidamos registrar y lo que decidamos olvidar nos definen hoy, y darán la oportunidad a futuros intérpretes de formular preguntas referidas a su tiempo, el tiempo futuro. Es necesario documentar para que la transmisión  generacional sea posible, para no dejar el lugar vacío, para que como nos enseña J. Hassoum, hagamos  la tarea de pasadores que nos toca en nuestro tiempo.

 Desireé Toibero, 

52 años

Doctora en Ciencias Políticas y profesora de Historia

Córdoba, Argentina.

Foto: Pok Rie / Pexels

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