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En un tiempo sin tiempo – Natalia Rodríguez

A comienzos del año 2020. Como todos los años, continuamos con el ritmo habitual, con apuro, siempre corriendo, con horarios para todo y sobre todo sin tiempo. El tiempo pasaba “corriendo” sin dejar atrás siquiera rastros, sólo algunos recuerdos, de momentos agradables ligados a algún festejo fijado por el calendario, o algún registro de tiempo libre vivido gratamente.

Cuando surgió en China el Coronavirus (Covid-19), simplemente pensamos, que China estaba muy lejos como para que nos afectara en algo. Y de repente, la Pandemia irrumpió a nivel mundial, hasta que llegó a nuestro país, como era de esperar y nos tomó “con lo puesto”.

La vida habitual, acelerada y las corridas, entró en “pausa”, en el sentido del freno de las acciones o movimientos; una pausa en la vida cotidiana, de muchas personas. Si la pausa nos encontró en familia sería un tiempo  juntos, si nos agarró solos, sería solos que pasaremos este tiempo.  

Una pausa inédita y de un tiempo que se alteró. Veníamos de un tiempo sin tiempo por nuestros avatares diarios y pasamos a un tiempo sin tiempo porque ya no existe un organizador claro de la vida cotidiana. 

No son vacaciones, no es tiempo de ocio ¿qué tiempo es?. Se ha generado un desfasaje en nuestros  horarios, rompiendo con la cotidianidad, relacionado al simple funcionamiento como es alimentarse o dormir. Se puede dormir de día y estar de noche despiertos insomnes. No saber si es lunes o sábado, total los días corren igual sin importar el calendario o el horario. 

En éstas alteraciones del tiempo, se puede pasar el tiempo demasiado rápido o demasiado lento, depende del estado de ánimo que tengamos, de las ganas de salir de esa pausa o de estar en ella, dependiendo de las ganas de volver a aquel estado anterior y reproducir aquello que veníamos haciendo.

Ahora, que me sobra el tiempo parece hasta agradable y confortante.

Pero por más que se niegue a través de éste estado seudo placentero lo real de éste tiempo sin tiempo es, que, lo único que nos organiza es la terrible realidad de un posible final, y no de cualquier final, sino, del final de mis tiempos.

 Es entonces éste el gran organizador existencial, mi tiempo tiene un real concreto de fin. Aunque no me suceda.

 Y ésto marcará no sólo éstos momentos diacrónicos, pausados, sino que marca en el tiempo histórico de cada persona y de cada sociedad:  un antes, un durante y un después del Covid-19.

 

 

Natalia Rodríguez,

43 años

Psicóloga y docente

Córdoba, Argentina.

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