Skip links

Fragmento de un diario intimista – María Soledad Martínez Costa

 

    Querida Sole:

    Comencé tus páginas un día de mayo del año 2020. El año de la pandemia. Una peste que no creí que llegara a estas costas latinoamericanas o, al menos, que llegara de este modo. Una suerte de dictadura que cercenó demostraciones de afecto, limitó voluntades, cerró puertas. Un enemigo invisible que vino a instalarse por largo tiempo para determinar que todo, absolutamente todo, no sería como antes…

    Encerrada es estas paredes y cercada por temores, angustias y tristezas, observo, sí, el cielo más nítido, escucho el trinar de numerosas aves, huelo las últimas flores de la época, saboreo las buenas comidas caseras; pero no siento el abrazo del amigo y del pariente, el beso del afecto, el apretón de manos cariñoso. Lo único que queda es el “me siento”.

    Lentamente van cayendo las hojas del otoño, como van descendiendo las expectativas de mejora o de que esto llegue a su fin. Las horas, los días y las semanas van transcurriendo pausadamente entre los trabajos escolares, la labor de la casa y la atención a los integrantes del hogar. De una vida sociable plena de encuentros a un mutismo asfixiante demoledor. De una existencia ligada a la naturaleza a la quietud artificial de los aparatos electrónicos.

    El oponente amordazó nuestro canto, ató nuestro hacer, doblegó nuestro espíritu. Nos mienten cuando dicen que las pantallas nos permiten estar más cerca del otro. Nos mienten cuando nos venden todo lo que podemos hacer con y a través de ellas.

    Esta situación tiene muchas similitudes con otra que alguien me compartiera allá por la Segunda Guerra Mundial. La realidad de Ana era terrible: discriminación, persecución y muerte. Dos años oculta, para que su fin fuera el pensado por el adversario. Al menos, le quedó la posibilidad de la palabra escrita para inmortalizar su relato; pero ella no pudo leerla.

    También me recuerda a la historia de esos hermanos que fueron permitiendo que el invasor fuera ocupando su casa, habitación por habitación, hasta que tuvieron que abandonarla, tirando la llave en una alcantarilla. Irene y el narrador, expulsados por una amenaza intangible.

    No quiero eso para mí. Lucho diariamente para encontrar el sentido. El “porqué” ya pude apreciarlo: hemos dañado tanto la creación…

    Quizá mi salida no esté en arrojar la llave, dejándome vencer, sino en abrir la puerta que el verso, “la palabra poética”, me permite hoy, como dice indefinidamente el poeta.

Kitty.

Fragmento de un diario intimista (16/05/2020)

 Fotografía de Jörg PeterPixabay

 

María Soledad Martínez Costa

52 años

Licenciada en Letras Modernas (UNC)

Licenciada en Ciencias de la Educación con Orientación en Gestión (UCC).

Docente

Córdoba, Argentina

Dejar un comentario

  1. Buenos días! Soy alumna del Colegio 25 de Mayo, mi profesora es Soledad Martinez Costa, quien ha publicado algunos escritos en su página; ella me sugirió luego de leer un ensayo mío que me contactará con ustedes para ver la posibilidad de subir dicho ensayo a la página. Desde ya muchas gracias! Aguardo su respuesta