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Y de repente – Andrea Andrione

…Un día nos dijeron que debíamos permanecer adentro, no salir. 

Cómo cuesta cuando somos seres hacia afuera, cuando hemos incorporado en nuestra esencia al otro, como parte de uno mismo, cuando la mirada, el olfato, el contacto físico atraviesan nuestros actos, nuestra rutina. 

Pero sí, nos quedamos repentinamente sin saludos afectivos, sin abrazos, sin besos, sin la mirada con la que detectamos estados de ánimos, necesidades, pedidos implícitos de auxilio.

 Y, fue así… buscamos cómo suplir estas carencias, buscamos como acercarnos desde la distancia. 

Con videollamadas, con distintas plataformas virtuales, dependiendo de la conectividad, eficiente o no, estamos logrando este acercamiento que tanto anhelamos, y nos conformamos, nos adaptamos una vez más a las condiciones impuestas por el contexto. 

Es entonces cuando comienzan a aparecer y aflorar sentimientos, sensaciones nuevas que se sienten en cuerpo y alma. 

Buscamos mitigar nuestra angustia, nuestra desazón con lecturas o vídeos de expertos en emociones, con recetas repetidas de las que esperamos resultados mágicos, y nuevamente la sensación de que nada alcanza para lograr el bienestar que decíamos tener antes de ésto.

El encuentro con nuestra propia mirada, con nuestro propio rostro, con nuestro yo interior, da la posibilidad de repensar cada una de nuestras acciones, las pasadas, y la necesidad de proyectar las futuras, con incertidumbre, pero con la ilusión de que cuando todo pase, se puedan concretar. 

Pero no todo lo vivido es negativo, no todo lo sentido es sin sentido. Todos de alguna manera, hemos encontrado salida a nuestros malestares, todos de alguna manera fuimos refugios de otros, a la vez que recibimos contención, no importando la distancia, ni la pantalla de por medio. 

De toda experiencia lo que cuenta es el aprendizaje, la sensación de que se pueden superar día a día distintas situaciones, y que a pesar de las distancias, de la mediación tecnológica, siempre hay un otro a quien mirar y escuchar, siempre hay un otro que nos mira y escucha. 

Andrea Alicia Andrione

51 años

Licenciada en Psicopedagogía

Córdoba, Argentina

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