Skip links

Cuarentena de repatriados – Gastón Acuña

El miércoles 13 de mayo tomé un colectivo de larga distancia con origen en Córdoba y destino a la Ciudad de Salta. El contexto: una pandemia mundial por un virus altamente contagioso que paralizó el sistema social y económico en casi todos los países del globo.

Para viajar era necesario atravesar cierta burocracia. En mi caso contraté una empresa de turismo salteña habilitada por el gobierno provincial para realizar el trayecto y transportar en un mismo vehículo a más de 40 personas, cobrando una tarifa de $4000 por pasajero. Los requisitos exigidos por la empresa se basaron en la constatación de tener domicilio en Salta y que tramitáramos un permiso nacional de fuerza mayor otorgado por Presidencia de la Nación. Luego, ellos se encargarían del resto.

Debimos consignar un lugar apto para realizar la cuarentena con las condiciones sanitarias de rigor para permanecer allí durante dos semanas.

El viaje estaba pactado para el martes 12, pero a causa de un inconveniente en la terminal de ómnibus cordobesa, el gobierno de dicha provincia determinó que salgamos al día siguiente. Ni el cosmos nos ayudó en esa.

Subimos al colectivo luego de que el personal sanitario de Córdoba nos tomara la temperatura, y pasadas las 20hs. arrancamos la travesía. El viaje fue lento porque debimos frenar la marcha en varios controles durante el camino y, si bien los pasajeros no debimos bajar del vehículo, evidentemente los chóferes debían realizar algún tipo de acción.

Recién alrededor de las 13hs. del jueves (17 horas después de salir, un viaje que habitualmente demora 11 horas) llegamos al peaje de ingreso de la Ciudad de Salta donde, luego de una hora varados, nos hicieron bajar para que personal policial de forma muy desorganizada registrara nuestros datos, para luego ser desinfectados (personas y bolsos) por la maquinaria de última tecnología adquirida por el Gobierno, una cinta por la que uno camina mientras es rociado con agua con jabón o vaya uno a saber qué químico, pero nada que haya parecido muy efectivo o lo suficientemente mortal como para matar un presunto virus en en el lapso de los 10 segundos que demoramos en entrar y salir de la máquina del futuro, digna de ciudades de avanzada como Salta Capital.

En el paso siguiente, nos recibió el personal sanitario del SAMEC, a cargo de una mujer adulta, de unos 50 años y cabello castaño claro, con un particular sentido del humor, quien palabra tras palabra solamente reforzó su poco profesionalismo estigmatizando a sus conciudadanos recién llegados, enfatizando que nuestra presencia implicaba un riesgo para la sociedad haciendo evidente cierta resistencia a nuestra llegada, después de más de 50 días de estar varados. En sus palabras hacía parecer que la Provincia, el SAMEC, o las autoridades políticas y sanitarias (a las que de alguna manera representaba) no estaban cumpliendo con su deber, sino más bien que nos estaban haciendo “un favor” por dejarnos volver. Allí mismo nos tomaron la temperatura corporal y firmamos una declaración jurada en la que nuevamente consignamos el domicilio local para realizar la cuarentena.

El último paso en el peaje fue trasladarnos con nuestros bolsos hacia un colectivo urbano de Saeta, ocupando todos sus asientos sin saber hacia dónde nos dirigíamos. Nos trajeron al Hotel Buenos Aires del centro salteño, donde muchos creíamos que nos recibiría personal sanitario para realizar un chequeo y así derivarnos a los domicilios consignados en ya reiteradas ocasiones. Sin embargo, estuvimos todos juntos en el patio interno del hotel entre 3 y 4 horas sin que nadie apareciera a explicarnos qué sucedía, ni porqué el hotel estaba vacío sin personal de trabajo. Solamente se encontraba personal de recepción del hotel, quienes poco y nada sabían, sólo que el gobierno les había reservado las habitaciones.

Con respecto al permiso que puso a disposición la provincia para retornar a casa, lo llené hace una semana y todavía estoy esperando una respuesta. Ah, pero ya estoy en Salta, díganle a Gustavo Sáenz que no se preocupe, que llegué bien.

Eran aproximadamente las 19hs., ya había pasado un día desde que nos habíamos presentado en la terminal de Córdoba y cabe señalar que desde aquél momento no recibimos ningún tipo de alimento, ni tuvimos la posibilidad de ir a comprar o recibir por parte de familiares. En el colectivo cada cual se comió alguna galleta, fruta, sanguche o lo poco que había llevado. Ante el hambre, entre los pasajeros nos compartimos lo poco que cada uno tenía y algunos decidieron llamar a deliverys o allegados que les acercaran algo al hotel.

Hasta este momento, viernes por la tarde, la cara visible del Gobierno de la Provincia de Salta fue la pobre recepcionista de un hotel que tan sólo sabía que no debía dejar salir a este grupo de gente que ya empezaba a impacientarse.

De un momento a otro, llegó una enfermera que, sin presentarse, nos obligó de buena manera a encerrarnos en las habitaciones que nos habían consignado al llegar al hotel, de a dos, tres y cuatro personas. Desde algunas horas antes ya se empezaba a rumorear que se estaba trabajando un nuevo protocolo provincial por el que deberíamos estar encerrados 14 días en una habitación compartida. Evidentemente a las 14hs., cuando firmamos la última declaración jurada ante el SAMEC, ni ellos estaban enterados de esta situación.

Todo era muy diferente a lo que cada uno había planificado desde Córdoba y para lo que realmente nos habíamos comprometido, tanto nosotros como nuestras familias al realizar movilizaciones y favores para que los repatriados pudiéramos cumplir la cuarentena en condiciones dignas. Después de más de un día sin comer, sin agua, nos confirmaron que esa era la decisión y nos encerraron en habitaciones sin las mínimas condiciones de higiene aseguradas, ni jabón, ni alcohol en gel, ni shampoo, ni elementos de limpieza. Nuestros allegados se encargaron de esos elementos.

En ningún momento se hizo presente autoridad estatal alguna a explicarnos la situación, todo lo que sabíamos eran rumores que circulaban entre amigos y familiares que estaban afuera tratando de averiguar qué era lo que sucedía, o algún que otro entredicho en los medios de comunicación.

Escribo esto en la tarde del día uno y todavía hay mucho más que narrar desde adentro. Por ahora les cuento que sólo nos dan dos comidas diarias, 1 litro de agua por día, y nuestros familiares nos acercaron otros alimentos y elementos básicos para convivir 14 días en una habitación. A varios nos mandaron pavas eléctricas como para calentar agua para el mate al menos. La primer noche nos trajeron milanesa de pollo con fideos, ¿Adivinen si nos preguntaron si somos celíacos, vegetarianos o veganos? No, adivinaron. Le dije al enfermero que no como carne y se vé que me escucharon porque hoy para el almuerzo me trajeron pollo con papas.

¿La frutillita del postre? El hotel no tiene Wifi o por algún motivo no nos quieren proporcionar la contraseña por lo que no podemos ni estudiar, ni trabajar a distancia. Creemos que el servicio no está pago ya que el hotel no estaba en funcionamiento al momento de nuestra llegada.

Por ahora es la situación más parecida a estar preso que he vivido en mi vida. Mañana les cuento cómo viene el día 1 que ya tiene algunas perlitas imperdibles.

Texto publicado en Buufo http://buufosalta.com/sin-elementos-de-higiene-ni-wifi-dos-comidas-por-dia-y-1-litro-de-agua-asi-es-la-cuarentena-de-repatriados/ bajo el título: Sin elementos de higiene ni WiFi, dos comidas por día y 1 litro de agua: así es la cuarentena de repatriados (15 de mayo 2020).

 Fotografía Mabel AmberPixabay

Gastón Acuña

Licenciado en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Córdoba.

Salta, Argentina

Dejar un comentario