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Recuerdos de una historia fugaz – Mónica Arriola Román

Para “mi Erni”

 

El camino era oscuro y en algunos trechos, la lluvia se apoderaba de la carretera.

Mientras tanto, en mi cabeza un “sinfín” de preguntas.

– ¿Cómo será?

– ¿Será amable?

– ¿Será cariñosa?

Y así, entre lluvia, calor, oscuridad y muchas preguntas, llegamos.

Me bajé del auto y desde lejos te divisé.

Caminé hacia ti con un poco de “nervios” en el estómago.

¡Hola! -dijiste.

¡Buenas noches! -contesté.

Soy Ernestina.

Lindo nombre, pensé.

Es un nombre un poco común y fuerte. Sin embargo, va con tu personalidad, seguí pensando.

¿Cómo olvidar tu tono de voz?

Desde que te conocí, “preparé” un lugar en mi corazón.

Es más, diría que no fui quién lo preparó, fuiste “tu” la que se lo ganó.

Desde que te conocí, te quise mucho y me identifiqué contigo.

Dejaste de ser “Ernestina” para ser “mi Erni”.

Percibí que “al igual que a mi” te hizo falta “un poco de amor” siendo aún una pequeña niña.

Percibí que “al igual que a mi” la vida nos enfrentó con “situaciones difíciles” que nos hicieron crecer, a lo mejor de forma abrupta, pero no por ello, experiencias enriquecedoras.

A la mañana siguiente, bajé “un poco tímida” las gradas y ahí te encontré.

Con tus “pijamas” unas de seda, bonitas. ¡Así como tu!

¿Quieres tomar café? -preguntaste.

¡Sí, gracias señora! -contesté.

No me digas así, soy “Ernestina”.

Y desde ese momento fuiste “mi Erni”.

Tomamos café, platicamos, comimos unos deliciosos “rollos de canela”. Aunque ahora que los recuerdo, su adjetivo no es “deliciosos”, es más bien “espectaculares”.

Y con la brisa del mar y en una mañana fresca, te robaste todo de mi.

¡Te robaste mucho de mi!

Estuvimos juntas ese fin de semana en la playa. Sí, ése en el que te conocí.

Sin embargo, tuvimos muchos días más en la playa. Tomamos muchas veces más un “delicioso” café al estilo “francés”, tal como a ti te gusta.

¿Cómo olvidar la tarde de sábado en el que me invitaste a tu armario?

Me enseñaste toda tu ropa de “juventud” y coincidentemente “todo” lo que me probé, “todo” me ajustó perfectamente.

¿Cómo olvidar tu piel “canela” que a pesar de tu edad, sigue luciendo “bonita”?

Y que hace “contraste” de manera perfecta con las pulseras “doradas” que siempre usas.

¿Cómo olvidar tus ojos “oscuros” con esa mirada fuerte?

Y que estoy segura que son la “ventana” de un “corazón” dulce y ávido de tanto amor.

¡De mucho amor!

¡Oh “mi Erni”!

Ojalá sepas del “amor” que te tuve.

Ojalá sepas que no pasa un día sin que te recuerde y que pida porque estés bien.

Pido para que esos pies “bonitos” vuelvan a tocar la “arena”. Ésa que tanto te gusta y te hace feliz.

Ojalá sepas que aún conservo “la pulsera dorada” que un día me regalaste.

Creo que tenemos muchas cosas “en común” y estoy convencida que en el poco tiempo que la vida nos permitió “contemplar el mar juntas”, fue suficiente para que hayas quedado guardada en mi corazón.

Me dio mucho gusto conocerte. -Dijiste.

Igualmente. -Contesté.

Y nos abrazamos.

Así nos despedimos en aquel momento.

De aquel fin de semana bonito donde todo “confabuló” para que tú y yo, escribiéramos una historia bonita.

Y hoy te digo, ¡hasta pronto “mi Erni”!

A lo mejor algún día volvamos a tomarnos un café y a sentir juntas…

¡La brisa del mar, la arena y la felicidad de volvernos a dar un fuerte abrazo!

Sigue brillando, sigue luciendo tu piel “canela” y sigue presentándote así:

¡Soy Ernestina!

¡Oh “mi Erni”!

Y aunque esta pandemia -hoy- nos impida vernos. 

Sigues estando ahí, en el lugar que tu misma preparaste en mi corazón. 

 

 Fotografía Jill WellingtonPixabay

 

Mónica Arriola Román

42 años

Educadora

Guatemala

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