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Aprendiendo a vivir una vida sencilla – Cintia Videla

¿Qué estoy aprendiendo respecto a mí, en este confinamiento?

Durante estos cincuenta días que llevamos de cuarentena, sinceramente no me había planteado esa pregunta. Pero es un interrogante que merece una reflexión. 

Principalmente, estoy aprendiendo a ser más tolerante con mis frustraciones y dedicarle el tiempo necesario a mis proyectos hasta obtener los resultados esperados; en este sentido, la perseverancia también juega un papel importante. 

Para evitar sentirme atrapada en pensamientos negativos que afectan mi estado anímico y el equilibrio emocional, continuamente busco estrategias para sobrellevar el encierro y dedico el tiempo a realizar actividades que antes las dejaba de lado; justamente eso estoy aprendiendo, a que puedo sentirme mejor si dejo de identificarme con incertidumbres, miedos, enojos y comenzar a valorar lo que soy, lo que tengo.

 Aprender a vivir una vida sencilla, es decir huir de la idea de que los recursos materiales y la acumulación de estos son necesarios; adaptarme  con lo que tengo y dejar de lado el consumismo material, que de cierto modo nos los imponen los medios y nos alejan de la sencillez de las cosas y de los valores esenciales para todo individuo. 

“Creo que, ahora más que nunca, es la oportunidad para aprender a ser feliz”

 

¿Qué estoy aprendiendo respecto al grupo al que pertenezco, en este confinamiento? 

Estoy aprendiendo a sobrellevar de la mejor manera el confinamiento con mi grupo familiar. Creo que es una excelente oportunidad para aprender de cada uno, dialogar y realizar muchas cosas que antes no se tenían presentes. 

Suena un poco contradictorio, porque no voy a negar que esta pandemia nos invade de miedo, de angustia, estrés e incertidumbres; pero considero que además  nos ayuda como grupo, nos fortalecemos y acompañamos. Aprendí que es un grupo solidario, siempre pendiente del otro. Aprendí que nos conocemos bastante y sabemos leer en el otro si algo no anda bien. Aprendí que nos hacemos mucha compañía y, si algo no resulta como se esperaba, la paciencia es la mejor opción. 

Muchas veces, no toleramos y tampoco aprobamos lo que hace la otra persona; pero estamos aprendiendo a tenernos paciencia y a considerar la idea que no todos  piensan ni actúan de la misma manera.

Aprendí que tengo al alcance de mi mano una familia que está siempre presente, que sostiene, guía y proyecta un futuro.

Cintia Videla

 

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  1. Me satisface acceder a estás pequeñas y profundas reflexiones, que nos ayudan a pensar y asi sostener en la cotidianeidad lo que en más de una oportunidad tenemos como discurso .