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La nueva normalidad educativa – Horacio R. Maldonado

 

 

                  “Volver a la normalidad no es una opción. Tenemos que volver a algo que sea mucho, mucho mejor que esa normalidad que existía antes del virus.  Porque lo que este virus ha mostrado es lo asquerosa que es la normalidad……las extraordinarias e imperdonables desigualdades que existen en nuestras sociedades”

                Roger Waters  (Nueva York, mayo 2020)

 

“No podem tornar a la normalitat porqué la

 normalitat era el problema”

                Grafitti (Calles de Barcelona, mayo 2020)

 

En este escrito deseamos exponer algunas consideraciones en relación a esa expresión que por estos días de pandemia reverbera en diversos ámbitos. En nuestro caso focalizaremos brevemente sobre las connotaciones que la formulación «nueva normalidad» tiene en lo referente a los procesos educativos.

Dicha formulación tiene, al parecer, un pasado bastante reciente. Se popularizó en el mundo de la economía y fue utilizada para describir las condiciones financieras tras la crisis mundial que tuvo origen en USA allá por el año 2008 y en torno a las secuelas de la Gran Recesión. Este acontecimiento planetario, que tuvo epicentro en los países ricos, aunque impactó negativamente, como suele ocurrir, en buena parte de aquellos países menos desarrollados, produciendo un aumento de la pobreza endémica.

En un artículo muy próximo (13 de mayo de 2020) titulado: COVID-19 y educación superior:  De los efectos inmediatos al día después. Análisis de impactos, respuestas políticas y recomendaciones. Cuando Stefania Giannini, Subdirectora General de Educación de la UNESCO, prologa este trabajo, introduce, entre comillas, este enunciado en el universo educacional:   

…Los cierres, como medida para contener la pandemia de Covid-19, han llevado a un despliegue acelerado de soluciones de educación a distancia para asegurar la continuidad pedagógica. Los obstáculos son múltiples, desde la baja conectividad y la falta de contenido en línea alineado con los planes de estudio nacionales hasta un profesorado no preparado para esta “nueva normalidad”….

 La funcionaria de este organismo ecuménico, utiliza este enunciado para indicar que el cierre de los establecimientos educativos puso en situación de aislamiento a más de 1.500 millones de estudiantes en unos 190 países. Evidentemente se trata de una escala extraordinaria, de un suceso que no tiene parangón en la historia de nuestra civilización.

Ante este fenómeno casi imprevisto por los sistemas educativos del planeta, se ha montado un colosal operativo de educación a distancia y un heterogéneo operativo de emergencia, el cual ha buscado soporte y apoyo en las más variadas tecnologías de la información y comunicación.

A esta situación inédita y trasnacional, la experta de la IESALC le asigna, en principio y con la precaución de las comillas, el nombre de “nueva normalidad”. A este estado coyuntural y transitorio, vale subrayar esto, le otorga tal nominación dando por sentado así la existencia de una normalidad previa; una normalidad que existía antes del brote que surgió en Wuhan, una normalidad, dicho sea de paso, inconmensurable.

Se podría suponer entonces que, cuando esta calamidad decline o cese, cuando las puertas de los establecimientos educativos se reabran, cuando esta “nueva normalidad” que afrontamos por estos días de cuarentenas y aislamientos, con fuerte predicamento en la virtualidad pierda vigor, quizá se nos presenten cuando menos dos opciones principales.

Por un lado, la vuelta a la normalidad pre pandémica, a la vieja, homogénea y supuestamente conocida y por muchos, añorada normalidad.  Por otra, transitar hacia una tercera normalidad, hacia lo que infelizmente podríamos denominar como tercera o nueva normalidad educativa, esto en caso de proseguir con la secuencia de las normalidades. Decididamente preferimos no hablar de normalidades por venir y si hablar de la construcción de otras realidades educativas, de otros mundos educativos posibles.

Los epígrafes que utilizamos en este artículo ya advierten, condensadamente, sobre las reservas que profesamos acerca de la antigua normalidad educativa. Aquella en la que aprendimos desde niños y enseñamos desde grandes. Evidentemente nadie puede volver dos veces al mismo río; eso ya lo enseñó, con lucidez, el filósofo griego unos 500 años a.C. Ello es así porque el río que fluye nunca es el mismo y porque nosotros, después de la peste, tampoco seremos lo que alguna vez fuimos. Aunque no alcancemos a percibirlo con nitidez.  

La pandemia trae consigo, no solo horror y miserias, sino también beneficios inesperados. Estamos ante una oportunidad histórica para construir nuevas realidades educativas; nuevas versiones que, desde luego, no serán frutos exclusivos de la conmoción provocada por el flagelo. Las futuras versiones podrán abrevar en el cúmulo de experiencias que lxs educadorxs comprometidxs con otra educación han recogido por diferentes geografías educativas durante años y por un buen número de mujeres y hombres que han tenido el valor de imaginar alternativas novedosas y creativas en todos los tiempos y en todos los espacios. Y que siempre están allí, más o menos próximas si deseamos buscarlas.

El ocaso del aislamiento puede configurar, insistimos, una formidable ocasión para proponer y erigir laboriosamente otra educación. Durante bastante tiempo hemos afirmado y justificado con no pocos argumentos, que otra educación es posible y necesaria.  Esto en el contexto de una convicción mayor, confirmada ahora por la pandemia, que entiende que otro mundo es posible, imperioso y urgente.

La nueva normalidad que imaginamos es completamente anormal si la interpretamos con las categorías y referentes de la normalidad pre pandémica, de la antigua y agónica normalidad. La nueva educación requiere ser pensada a la luz del pensamiento complejo, esto es, transformar el pensamiento para así pensar de otra forma la realidad global y la realidad educativa en particular. Así, en estas coordenadas, la educación tiene que ser interpretada como un asunto ecológico y cultural, como un asunto político y geopolítico, ético y estético; como un asunto histórico, económico y social, también y para no abundar, como un asunto psicológico y, desde luego, pedagógico.

Disponemos de nutridas pistas de lo que ocurrió en la pasada normalidad, esa que surgió en los albores de la modernidad en Europa central y se expandió por doquier. Disponemos claro, de muchos menos datos en relación a esta “nueva normalidad” que vivenciamos desde las primeras semanas del año en curso. El tercer momento, el que probablemente se iniciará vacilante y errático antes de concluir el 2020 o a inicios del 2021, es un misterio, un serio enigma. Como dice Edgar Morín con la perspicacia de siempre, nos tocará navegar en un mar de incertidumbres con algunos pocos islotes de certezas.

Para navegar en ese mar disponemos de una brújula-GPS y varias cartografías. En esa bitácora, además, asoma un robusto volumen que, en una rauda ojeada, permite leer títulos de algunos de sus capítulos, el primero de ellos, reza: Sobre la necesidad de democratizar los sistemas educativos; luego siguen: Promover la experimentación como vía regia para el aprendizaje; Favorecer el protagonismo epistémico de lxs estudiantes y alentar su soberanía intelectual;  Generar una educación con más eros y menos tanatos; Pergeñar dispositivos donde lxs maestrxs enseñen menos y lxs alumnxs; Proponer funciones docentes más colaborativas, afines a la creatividad, a la satisfacción laboral y a una interlocución distinta con lxs estudiantes; Estimular el asombro, la curiosidad  y la investigación permanente;  Diseñar y experimentar entornos de aprendizaje innovadores (hiperaulas)  contextos hipermediáticos y fomento de la hiperrealidad; Enfatizar el arte del dialogo en los vínculos y en  la construcción de los conocimientos; Propiciar, sobretodo, la cooperación, la escucha y la interpretación de las realidades desde una perspectiva compleja…

Por cierto, el texto alberga muchos otros capítulos que de momento no alcanzamos a divisar. Sin duda, se requerirán muchos más textos, múltiples ideas, cuantiosas acciones y enormes voluntades colectivas, para avanzar, una vez que amaine esta infausta pandemia, en la gesta de una nueva e indispensable educación.

 

Horacio R. Maldonado

Psicólogo, Profesor titular plenario. Facultad de Psicología. Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

[email protected]

Córdoba, Argentina.

Mayo 2020

 

Foto de Engin Akyurt en Pexels

 

 

 

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